jueves, 11 de diciembre de 2014

LA IGLESIA PASA DE PERSEGUIDA A PERSEGUIDORA

La historia de los tres primeros siglos del Cristianismo está llena de los martirios causados por las sucesivas persecuciones decretadas por los emperadores. Durante esta época, como es lógico suponer, era unánime la voz de los padres de la Iglesia contra toda violentación de la conciencia religiosa individual.

Los primeros emperadores convertidos al Cristianismo, s partir de Constantino, se asignaron cargos eclesiásticos honoríficos y asumieron el deber de proteger a la Iglesia frente a los paganos y defender la pureza de la fe frente a loa que propagaban doctrinas erróneas, ya que la herejía, atentando contra la unidad religiosa del Estado, era considerada como un verdadero crimen contra él. 

A partir del mismo Constantino empezaron a publicarse decretos contra los herejes y se inició su persecución. Sin embargo, las penas a que se condenaba a los herejes no eran capitales, excepción hecha de los culpables de maniqueísmo, doctrina que se consideraba subversiva y peligrosa contra la moral. Más adelante se hizo objeto de la misma pena a los donatistas.

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