sucedió el gran incendio de Roma. El pueblo sospechaba de Nerón, y para alejar de si mismo las sospechas, éste acusó a los cristianos y ordenó su castigo. Miles fueron muertos de las maneras más crueles; entre ellos Pablo, y posiblemente Pedro. Dice Tácito: "Por lo tanto Nerón, para acallar el rumor, sustituyó como criminales y castigó con exquisitas torturas a aquellas personas, abominables por sus vergonzosas prácticas, a quienes el pueblo llama Cristianos. Cristo, el autor de tal nombre, fue castigado por el procurador Poncio Pilato en el reinado de Tiberio; y la fatal superstición, reprimida por un tiempo, estalló nuevamente no
solamente en Judea, sede original de aquel mal, sino en toda la ciudad (Roma), a la cual desde todas partes fluyen y tienen boga cosas horrendas y vergonzosas.
Domiciano, 96 d.C.
Este inició una persecución de los cristianos acusándolos de ateos, lo que probablemente signifique que se negaban a participar en la adoración del Emperador. Fue breve, pero sumamente violenta. Muchos miles fueron muertos en Roma y en toda Italia, entre ellos el primo del Emperador, Flavio Clemens, cuya esposa Flavia Domitila fue desterrada. El apóstol Juan fue desterrado a Patmos.
Trajano, 98-117 d.C.
Uno de los mejores emperadores, pero creía que debía hacer cumplir las leyes del Imperio, y el Cristianismo se consideraba religión ilegal por cuanto los cristianos se negaban a sacrificar ante los dioses romanos o tomar parte en el culto del Emperador. La Iglesia era considerada como sociedad secreta, cosa que era prohibida. No se les buscaba de oficio a los cristianos, pero si eran denunciados, se les castigaba. Entre los que perecieron bajo su reinado estuvieron Simeón hermano de Jesús, obispo de Jerusalén, crucificado en el 107 d.C., e Ignacio el segundo obispo de Antioquia, llevado a Roma y arrojado a las fieras; en el 110 d.C.
Plinio,
quien fue enviado por el Emperador a Asía Menor, en donde los Cristianos eran ya tan
numerosos que los templos paganos estaban casi desiertos. este Plinio, enviado para castigar a quienes se negaban a maldecir a Cristo y a sacrificar ante la imagen del Emperador, escribió a Trajano, "Afirmaban que la suma de su crimen o de su error, sea cual sea, era esta: Que en un día determinado se reunían antes del amanecer y cantaban entre ellos, por turno, un himno a Cristo, como a un dios, y se comprometían bajo juramento, no a ninguna maldad sino a que jamás cometerían hurto, ni robo, ni adulterio; que Jamás faltarían a su palabra; que jamás faltarían a lo que se les confiase aún siéndoles así exigido; y luego de hecho esto, solían separarse, y luego se reunían de nuevo para participar de alimentos Comunes.
Adriano (117-138),
perseguía a los cristianos, aún cuando en menor grado. Telésforo, pastor de la iglesia de Roma, y muchos otros padecieron el martirio. Sin embargo, durante este reinado el cristianismo hizo notables progresos en números, riquezas, erudición e influencia social.
Antonino Pío (138-161).
Este emperador más bien favorecía a los cristianos; pero creía que debía hacer cumplir la ley, y hubo muchos mártires, entre ellos Policarpo.
Marco Aurelio (161-180).
Así como Adriano, consideraba la manutención de la religión del Estado una necesidad política; pero a diferencia de Adriano, estimulaba la persecución de los cristianos. Fue una persecución cruel y bárbara, la más severa desde Nerón. Muchos miles fueron
decapitados o arrojados a las fieras, entre ellos Justino Mártir. Fue especialmente feroz en el sur de Galia. Las torturas que las víctimas soportaban sin acobardarse son casi increíbles. Torturaba desde la mañana hasta la noche. Blandina, una esclava solamente exclamaba, "Soy cristiana; entre nosotros no se hace ningún mal.
Septimio Severo (193-211).
Esta persecución fue muy severa pero no general. Sufrieron principalmente Egipto y el norte de África. En Alejandría "diariamente eran quemados, crucificados o decapitados muchos mártires," entre ellos Leonidas, el padre de Orígenes. En Cartago, Perpetua, dama noble, y su fiel esclava Felicitas fueron despedazadas por las fieras.
Maximino (235-238).
En este reinado fueron muertos muchos prominentes dirigentes cristianos. Orígenes se salvó escondiéndose.
Decio (249-251)
determinó resueltamente exterminar el cristianismo. Su persecución fue coextensiva con el Imperio, y muy violenta. Multitudes perecieron bajo las torturas mas crueles en Roma, el norte de África, Egipto y Asía menor, Dijo Cipriano, "Es desbastado el mundo entero.
Valeriano (253-260).
Más severo que Decio; se proponía la destrucción total del cristianismo. Muchos dirigentes fueron ejecutados, entre ellos Cipriano, obispo de Cartago.
Diocleciano (284-305).
La última persecución imperial, y la más severa; co-extensiva con el Imperio. Durante diez años se buscaba a los cristianos en cuevas y en selvas. Eran quemados, arrojados a las fieras, y muertos mediante cuanta tortura, la crueldad pudiera inventar. Era un intento resuelto y sistemático para abolir aun el nombre de cristiano.
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